Tienes un trámite en otro país, ya has pagado la traducción jurada en España y alguien te suelta un “eso aquí no vale”. No es raro. El problema no suele ser la traducción. Es la palabra “válida”: en España significa una cosa (traductor jurado habilitado, certificación y formato correcto), pero en el país de destino puede significar otra (notario, traductor local, affidavit, apostilla, etc.). En este artículo, te contamos si una traducción jurada hecha en España es válida en el extranjero para que puedas decidir sin ir a ciegas.
“Válida” depende de quién la recibe
Una traducción jurada española es un documento emitido bajo el marco español. Dentro de España (y ante instituciones españolas en el exterior) esa validez está clara. Fuera, manda una regla simple: la autoridad que recibe el escrito decide qué acepta.
Ejemplo rápido: presentas un certificado español en Francia para un trámite entre países de la UE. En ciertos casos, la UE ha simplificado formalidades para documentos públicos y ofrece formularios multilingües que pueden reducir la necesidad de traducción. Aquí tienes la explicación en el Portal Europeo de e-Justicia sobre documentos públicos. Eso no significa “no necesitas traducción” siempre. Significa que a veces hay vías alternativas o requisitos distintos según el documento y el país.
Casos en los que suele aceptarse sin problemas
Hay escenarios donde una traducción jurada hecha en España suele funcionar bien:
- Trámites ante organismos españoles (embajadas, consulados de España, instituciones españolas). Aquí, la traducción jurada española es la referencia.
- Procedimientos de empresas u organismos que piden “traducción certificada” pero no exigen un sistema local concreto. En estos casos, lo decisivo es que el documento esté bien presentado y sea verificable.
Si necesitas emitir la traducción en el formato que te pida el receptor (PDF firmado, papel, ambos), en Tradutema puedes solicitar traducciones juradas tanto digitales como en papel, según el uso final.
Casos en los que puede no bastar
Aquí es donde aparecen los rechazos. No porque la traducción esté “mal”, sino porque el país usa otra lógica.
1) Te piden un traductor “certified” local o una declaración jurada
Canadá es un buen ejemplo de enfoque distinto: para documentos que no estén en inglés o francés, la autoridad migratoria pide traducción y, según el caso, una declaración/affidavit y copia certificada del original. Lo explica el propio gobierno en su guía sobre idioma de documentos: requisitos de traducción de IRCC. En ese contexto, una traducción jurada española puede no encajar tal cual si el proceso exige un paso adicional (por ejemplo, affidavit ante notario local o traductor reconocido por una asociación provincial).
2) Te exigen legalizaciones específicas
En algunos trámites, lo que se legaliza no es la traducción, sino el documento original (o la cadena documental completa). El orden de pasos importa. Si legalizas después de traducir, puede que te pidan repetir.
3) El formato no coincide con lo que esperan
A veces el problema es tan simple como esto: el organismo quiere papel, con sello físico, y tú llevas un PDF impreso. O quiere un PDF con firma verificable y tú llevas un escaneo.
Cómo evitar el “no vale” en ventanilla
Antes de encargar o reutilizar una traducción jurada para el extranjero, haz estas comprobaciones:
- Pide al organismo receptor una frase concreta: “¿Aceptan traducción jurada española?” y “¿en qué formato?”
- Pregunta si exigen traductor local, notario, affidavit, apostilla o legalización.
- Si el trámite es por plataforma, confirma si admite PDF firmado o solo PDF escaneado (parece igual, no lo es).
Si ya te han rechazado la traducción, no rehagas nada a la primera. Primero identifica el motivo exacto y ajusta formato o pasos. Y si quieres que lo revisemos contigo, escríbenos desde contacto con el país, el organismo y el documento. Con esa información se puede decidir rápido si sirve tal cual, si hace falta papel, o si el país te está pidiendo un requisito distinto al español.