Persona reflexionando sobre una traducción jurada con fecha de 1996, ilustrando si las traducciones juradas tienen fecha de caducidad.

¿Las traducciones juradas tienen fecha de caducidad?

La pregunta suele aparecer tarde, cuando ya tienes el trámite encima: la traducción jurada fue aceptada hace meses, cambiaste de cita, y ahora dudas si ese documento “sigue valiendo”. Es una inquietud lógica. Con los certificados pasa: algunos se quedan obsoletos sin avisar. Con las traducciones juradas, el matiz es diferente.

A continuación te dejamos una guía sobre si las traducciones juradas tienen fecha de caducidad, para no duplicar esfuerzos ni llegar a ventanilla con un “esto ya no sirve”. Porque, en la práctica, lo que suele fallar no es la traducción, sino el momento en el que se presenta.

La traducción jurada no caduca por sí misma

Una traducción jurada es, en esencia, la reproducción fiel de un documento en otro idioma, certificada por un traductor jurado. Si el documento original no cambia y el contenido sigue siendo el mismo, la traducción no “vence” por el paso del tiempo.

Piensa en un título universitario: no expira. Si lo traduces hoy, esa traducción seguirá describiendo el mismo título dentro de dos años.

En Tradutema solemos explicarlo así: la traducción no tiene un temporizador propio; lo que puede tenerlo es el documento que estás traduciendo, o el requisito del organismo que lo recibe. Esto es importante entenderlo bien: el paso del tiempo no invalida una traducción, pero sí puede dejarla fuera de contexto para un trámite concreto.

Lo que sí caduca es el documento original (o el requisito del trámite)

La confusión viene porque muchas traducciones juradas se hacen sobre documentos con vigencia limitada. Y, si el original ya no es válido, la traducción tampoco te sirve para el trámite, aunque esté impecable.

Un ejemplo cotidiano: el certificado de antecedentes penales. En muchos procedimientos te piden que sea “reciente”. En España hay guías oficiales que fijan criterios de vigencia para la documentación en trámites (por ejemplo, a la hora de solicitar la nacionalidad), con plazos que dependen del tipo de certificado. Por eso, dos personas con el mismo documento pueden recibir respuestas distintas si lo presentan en momentos diferentes.

Otro ejemplo típico: certificados del Registro Civil. Según el trámite, te pueden exigir que el certificado de nacimiento o matrimonio tenga una expedición reciente (tres, seis meses…). En términos prácticos, eso significa que la traducción jurada puede ser perfectamente válida, pero si el certificado “se pasó de fecha”, tendrás que pedir uno nuevo y traducirlo de nuevo. Esto no se debe a que la traducción esté mal hecha, sino a que el original ya no cumple el requisito temporal del procedimiento.

Por todo esto, es importante quedarse con dos ideas clave:

  • La traducción no se estropea, pero puede quedar “desalineada” con un original que ya no cumple.
  • A veces no es la ley, es el procedimiento: el organismo decide que solo admite documentos emitidos dentro de un plazo determinado.

Si el original cambia, la traducción queda desactualizada

Hay documentos que no caducan, pero se actualizan: un certificado de empadronamiento, una vida laboral, una resolución administrativa con rectificación, un estado civil que cambia.

Aquí la lógica es simple: si el documento nuevo tiene datos distintos, la traducción anterior ya no representa el documento que vas a presentar. No es un problema de “fecha”, es un problema de contenido. La traducción jurada siempre debe reflejar exactamente el documento que se presenta, ni más ni menos.    

Ejemplo rápido: te tradujeron un contrato con una dirección antigua. Meses después firmas una adenda que cambia la dirección y el importe. Esa traducción ya no cubre lo que vas a entregar, por lo que habría que realizar una nueva traducción jurada.   

La caducidad “real” la marca quien lo recibe

En trámites nacionales, cada organismo puede fijar criterios de antigüedad. En trámites internacionales, se complica más: aunque la traducción jurada se emita conforme a la normativa española, el país de destino puede pedir otra forma de certificación o un documento emitido recientemente. Aquí es donde más dudas surgen, porque no existe una regla universal que sirva para todos los países y trámites.

Esto es lo que conviene preguntar antes de encargar nada: “¿Aceptan documentos con ciertos meses de antigüedad? ¿Exigen fecha de expedición reciente? ¿Piden el original actualizado?”. Si obtienes la respuesta por escrito, reducirás notablemente el riesgo de rehacer la traducción.

Cómo evitar rehacer traducciones

Si quieres minimizar el “doble gasto”, este es el orden que funciona:

  1. En primer lugar, confirma si el organismo exige documentos recientes (y qué se entiende por “reciente”).
  2. Luego pide el original definitivo (no el borrador ni el certificado provisional).
  3. Después, mándalo a traducir.

Seguir este orden sencillo evita la mayoría de los gastos duplicados que vemos a diario. Una consulta a tiempo suele ahorrar más que una traducción repetida. Si tienes dudas con tu caso, puedes escribirnos por contacto. En Tradutema, te ayudamos a decidir si tu traducción sigue siendo utilizable o si conviene actualizar el original antes de traducir.

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